La obligación de funcionar: salud mental, rendimiento y diferencia
Este artículo parte de algunas ideas y fragmentos de Bordes dis-locados, un texto que integra el libro colectivo Por una clínica indómita, actualmente en proceso de edición. La publicación reúne trabajos del colectivo de escritura esquizoanalítica de Materialistas Raros.
Vivimos bajo una exigencia que parece amable y bastante deseable, pero que muchas veces se vuelve insoportable: debemos crecer, superarnos, adaptarnos y convertirnos permanentemente en “la mejor versión de uno mismo”. La vida aparece como un proyecto que necesita ser administrado, evaluado y corregido. Cada dificultad debe transformarse en aprendizaje; cada herida, en oportunidad; cada límite, en una falla personal que tenemos la obligación de resolver.
Bordes dis-locados nace de una incomodidad frente a esta forma de pensar la existencia. El texto interroga sobre una época en la que el sufrimiento es separado de sus condiciones sociales, económicas, institucionales y afectivas para ser devuelto al individuo como responsabilidad privada.
“Se moraliza el sufrimiento y se responsabiliza al individuo de su propio malestar”.
El capacitismo no afecta solamente a quienes son reconocidos institucionalmente como personas con discapacidad. Funciona como una gramática mucho más amplia: distribuye las vidas entre quienes pueden rendir, producir, decidir y adaptarse, y quienes deben ser asistidos, corregidos, tutelados o normalizados. Todos quedamos, de alguna manera, expuestos a esa evaluación permanente.
La salud mental corre el riesgo de quedar atrapada en esta lógica cuando se limita a devolver a las personas a un supuesto funcionamiento correcto. El sufrimiento se vuelve entonces un desperfecto y la clínica, una tecnología de reparación. Se multiplican los diagnósticos, las evaluaciones, los objetivos terapéuticos y los protocolos, mientras se vuelve cada vez más difícil preguntar qué condiciones de vida producen aquello que después nombramos como patología.
Pero no se trata de negar el dolor, romantizar la locura ni convertir cualquier padecimiento en una potencia. Se trata de desplazar la pregunta. En lugar de interrogarnos únicamente por lo que una persona no puede hacer, podríamos preguntarnos qué fuerzas aparecen allí, qué relaciones necesita, qué escenas podrían componerse y qué forma singular de existencia intenta abrirse paso.
En el texto se formula esta pregunta: ¿cómo construir una clínica que permita “hacer pasar la diferencia”, aunque sea por un instante, sin que sea inmediatamente aplanada, rectificada o modelizada?
Proponemos alli una clínica que pueda habitar superficies; ese lugar donde los cuerpos se encuentran, se afectan, se rechazan, se acercan, inventan distancias y producen modos de estar juntos. Como recuerda la frase de Paul Valéry que infecta el texto:
“Lo más profundo es la piel”.
La piel no es solamente una frontera que separa un interior de un exterior. Es una zona de tránsito, de contaminación y de intercambio. También una superficie política sobre la que se inscriben los ideales de belleza, salud, autonomía, productividad y normalidad. Hay cuerpos que pueden circular sin explicaciones y otros que deben justificar permanentemente su existencia.
Dislocar los bordes aparece como una fuerza para dejar de pensar la frontera únicamente como impedimento. Un borde también puede ser el lugar desde donde algo comienza. Allí donde una institución, una familia o un dispositivo clínico ven solamente una dificultad, puede estar produciéndose un gesto, una decisión, una fuga de los grandes estratos sociales que cuadriculan nuesta vida o una nueva manera de habitar el mundo y producirlo
Son intentos de pensar una clínica no reparadora: una práctica que no confunda acompañar con reconducir, ni cuidar con normalizar. Una clínica capaz de soportar que algo se salga del programa y de reconocer que una vida no se define solamente por su capacidad de funcionar.
Resistir a la axiomática que el inconsciente colonial capitalístico quiere instalar como sinónimo de productividad; la exigencia de convertirnos en nuestra mejor versión, y hacer intentos para producir condiciones que permitan hacernos co-existir en la multiplicidad de modos que nos habitan.
Artículo de difusión y apuntes de lectura:
Lic. Nicolás Claiman
Comité de Materialistas Raros · PsicologíaVGB