Lo instituyente-oyente; un acercamiento a “Secuencias. De Psicoanálisis y de vida cotidiana en instituciones», de Sergio Darío Ragonese.

En nuestros apuntes guardamos como memoria práctica, este hermoso texto de Sergio Darío Ragonese, y así damos por terminado la serie de “Apuntes de un libro por venir” que tiene como objetivo el acercarlos a los textos de “Para una Clínica Indómita” del Comité de Materialistas Raros.

Una afección instituida que puebla lo establecido como instituyente-oyente, oyente como puente. ¿Qué te separa de lo que podés?, una pregunta que recorre este hermoso texto de Sergio Ragonese, un misil teledirigido a lxs guardianxs de lo mismo, a las prácticas enquistadas y coaguladas en los territorios institucionales y/o donde lo instituido como eco sigue haciendo su trabajo disfrazado de religiosidad, de escuela o filiación civilizatoria. Si hay un texto que pienso merece el carácter de indómito, es éste; interpela la práctica, la escucha y, sobre todo, el campo referencial y epistémico desde donde, como laburantes de salud mental, oímos lo que oímos, problematizamos lo que problematizamos y, más de una vez, abatimos el deseo en torno a ciertas relaciones carnales con presupuestos que se filtran en nuestras prácticas y nos permiten compensar con cierta tranquilidad la reproducción y antiproducción al compás de cambiar algo solo para que se “sostenga igual”. Oído mordaz, necesario y vivo, que va en consonancia con aquella premisa ética que propone Oury: ¿Qué carajo estoy haciendo? Sergio sigue el hilo de esa interpelación y recurre a Spinoza para preguntarse cómo, en semejante maraña disposicional, producimos aire fresco, nos encontramos con lo que podemos.

“Estamos perdiendo la oportunidad de preguntarnos ¿qué podemos hacer ahora?, algo en torno a la potencia y la capacidad de obrar o maniobrar. Pero maniobrar jamás es sinónimo de tener bajo control. Mucho menos a un otrx.”

Los territorios son diversos: un centro de día, el consultorio, lo que dijo un colega, con lo que vino una paciente, su propia experiencia de análisis, la vida cotidiana. Muestra cómo, de una manera u otra, el deseo siempre es político, nunca es personológico, esencialista e individual.

Pone en valor la transitividad de las fuerzas que tensionan los roles, las funciones y los estatus institucionales y profesionales; se pregunta por esas frases que resuenan en todos lados, esos ritornelos que nos atraviesan, y se pregunta qué fuerzas, qué poderes nos hacen hablar, o por qué fuerzas somos hablados.

“Si la misma frasecilla (ritornelo) suena en todos lados, ¿es imputable a quien la dice? En quien habla, hablan muchas fuerzas y poderes, ni personales ni conocidos de antemano.”

Ante esto, vuelve a recorrer la fuerza de la pregunta de Oury, pero ahora con la complejidad que el esquizoanálisis le imprime: “el auto-cuestionamiento constante de los agenciamientos analizadores”; arremete contra los usos diagnósticos al modo destino final y denuncia la normopatía como afección central a la que hay que estar atentos en nuestra praxis. No toma todo de alguien, sino que territorializa algo de todos, un afecto que le es posible, una virtualidad transformacional; Winnicott, Pichón, Guattari, Deleuze, Spinoza pueblan las líneas de este texto y van dando sus pinceladas para tejer una nueva posibilidad de hacer-pensar-sentir la práctica en estos territorios, a veces hostiles, otras no tanto, más donde la belleza puebla el sinsentido de prácticas que parecen tenerlo pero que habitan los universales, mientras las personas, como dice Sergio siguiendo a Deleuze, nunca podemos permanecer de manera absoluta sobre ellos.

Artículo de difusión y apuntes de lectura:
Lic. Nicolás M. Claiman
Comité de Materialistas Raros · PsicologíaVGB

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